Piso turístico infernal: ¿puede la comunidad de propietarios hacer algo?

Convivencia y seguridad

Piso turístico infernal. La convivencia en una comunidad de propietarios a veces es muy dura, ya que cada vecino tiene su ego. Discrepancias, siempre hay muchas. Sin embargo, hay dos sonidos que aterrorizan a todos los vecinos por igual: el motor averiado de la puerta del garaje y una despedida de soltero a las tres de la mañana en un piso turístico. Si has llegado hasta aquí, probablemente ya has escuchado el segundo.

Un día un vecino dice -Han alquilado el tercero para turistas-. Otro responde: -Bueno, mientras sean tranquilos…-. Dos semanas después, hay un noruego disfrazado de flamenca metiendo una bicicleta eléctrica municipal en el ascensor. Bienvenidos a la nueva realidad de muchas comunidades.

Pero más allá del ruido, los vasos rotos en la piscina y las maletas golpeando paredes a las seis de la mañana, aparece la gran pregunta: ¿qué responsabilidad legal tiene una comunidad de propietarios ante un piso turístico conflictivo?

Spoiler: más de la que muchos creen y menos de la que imagina el vecino que propone cortarles el wifi comunitario.

Cuando el Airbnb del quinto parece un festival itinerante

Los pisos turísticos no son ilegales por definición

. De hecho, en muchas ciudades son perfectamente legales si cumplen la normativa autonómica y municipal correspondiente. El problema empieza cuando el apartamento deja de funcionar como alojamiento y empieza a comportarse como una discoteca improvisada, una consigna de mochilas y un reality show de convivencia extrema.

Las escenas habituales incluyen:

  • Gente tocando timbres equivocados a las 2:14 AM.
  • Maletas rodando como si fueran tanques.
  • Basura abandonada en el rellano.
  • Piscinas convertidas en un after.
  • Portales abiertos para que entren unos amigos.
  • Vecinos desarrollando un oído ultrasónico para detectar despedidas de soltero.

Y aquí surge la duda jurídica importante: si la comunidad sabe que hay problemas constantes y no hace nada, ¿puede tener algún tipo de responsabilidad?

La respuesta corta es que la comunidad no suele ser responsable directa de las conductas de los turistas. Sin embargo, sí tiene obligaciones relacionadas con la convivencia, la seguridad y la adopción de medidas cuando existen actividades molestas, insalubres o ilícitas.

Es decir: no van a detener al presidente porque un alemán haya intentado miccionar en el rellano, pero tampoco conviene mirar eternamente hacia otro lado.

 

La Ley de Propiedad Horizontal: el “ya está bien” jurídico

La gran protagonista aquí es la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), una norma que regula la propiedad común y el uso compartido de la privada. En su artículo 7 se establece que ni propietarios ni ocupantes pueden desarrollar actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas, ilícitas o que dañen la finca.

Es decir, si el piso turístico convierte la comunidad en un episodio permanente de Resacón en Las Vegas, la comunidad puede actuar. Y actuar de verdad. No solo mandar un mensaje pasivo-agresivo por el grupo de WhatsApp.

¿Qué puede hacer legalmente la comunidad?

1. Requerir formalmente al propietario

El primer paso suele ser un requerimiento formal al dueño del piso. Aunque los turistas cambien cada tres días, el responsable principal sigue siendo el propietario.

Aquí es importante entender algo: la comunidad no tiene relación jurídica con los huéspedes, sino con el titular de la vivienda. A priori, este tendrá poco que replicar si hay veinte vídeos de fiestas grabados por vecinos desesperados.

2. Aprobar limitaciones a los pisos turísticos

Desde la reforma de la LPH en 2019, muchas comunidades pueden limitar o condicionar el uso turístico mediante acuerdo comunitario. Atención: este acuerdo no es de mayoría simple. Requiere el voto favorable de las tres quintas partes del total de propietarios / cuotas. Dependiendo del caso y de la normativa autonómica, la comunidad puede:

  • Limitar nuevos pisos turísticos.
  • Imponer condiciones de uso.
  • Establecer cuotas especiales o mayores gastos comunes. Esta medida también requiere acuerdo cualificado de 3/5 y su validez ha sido cuestionada en algunos pronunciamientos judiciales. Por ello, conviene asesorarse antes de aplicarla.
  • Regular normas de convivencia.

Lo que no puede hacer es inventarse castigos medievales como retirar la llave del portal o prohibir el uso del ascensor a los turistas.

3. Demandar por actividad molesta

Cuando el conflicto es grave y persistente, la comunidad puede acudir a los tribunales mediante la llamada acción de cesación. Esto que suena muy elegante básicamente significa ir a llorar al Juzgado. Hablamos de ella aquí. Si el juez aprecia actividad molesta continuada, pueden imponerse medidas importantes. Estas incluyen el cese de la actividad, la imposición de indemnizaciones e, incluso, la privación temporal del uso de la vivienda.

Osea que sí: jurídicamente existe el equivalente a “se acabó la fiesta”.

¿Y si la comunidad no hace nada? Responsabilidad por omisión de medidas

Aquí está la parte interesante. La comunidad normalmente no responde por cada conducta individual de los turistas. Pero sí puede verse afectada indirectamente si ignora problemas graves relacionados con seguridad, mantenimiento o convivencia.

Imagina que ha habido múltiples quejas porque el portal permanece abierto constantemente, por la entrega de códigos de acceso sin control o porque se producen situaciones peligrosas conocidas por todos los vecinos.

Súmale además que existen denuncias reiteradas o que las actas reflejan los problemas.

Ahora, partiendo de este escenario, ocurre un incidente serio y se demuestra una dejación absoluta de funciones, ya que no se adoptó ninguna medida razonable ni se actuó ante actividades claramente conflictivas y continuadas.

Pues, aunque no es lo habitual, podrían aparecer reclamaciones chungas. No es lo habitual por más dejadez, pero sí es posible y pasa.

En términos jurídicos, la pasividad eterna no suele ser una estrategia brillante.

Quién debe actuar ante las molestias de un piso turístico

La Junta de propietarios es la encargada de tomar las decisiones de la comunidad

. Sentimos informarte de que la labor del presidente no es mediar entre un vecino indignado y un británico vestido de dinosaurio. Tampoco puede entrar en viviendas, expulsar a turistas, cortar suministros o confiscar altavoces.

Por otro lado, el administrador tampoco hace magia. Sí hay una máxima universal en las comunidades por la que cuanto más conflicto hay, más gente piensa que el administrador tiene superpoderes. Breaking News: no los tiene. El administrador puede asesorar, documentar incidencias y tramitar acuerdos, pero necesita respaldo legal y comunitario para actuar. Tampoco puede prohibir unilateralmente un piso turístico porque una vecina diga que nota energías raras.

Por ello, en casos urgentes, debe avisarse a la policía. Para todo lo demás y con paciencia, hay que plagar la próxima Junta de puntos en el Orden del Día.

Cómo documentar un piso turístico problemático

Si la comunidad quiere actuar seriamente, necesita pruebas. Que todo el mundo sepa lo que pasa no suele impresionar a un juez. Por ello, antes de lanzarse, hay que recopilar grabaciones de ruidos, partes policiales, fotografías de daños, actas de incidencias, mensajes o avisos previos y testimonios vecinales. Estos últimos de los que sí están dispuestos a declarar, no de los que tienen la boca grande pero luego no les va bien ese día.

Importante: documentar no significa convertirse en agente secreto del rellano. Tampoco hace falta espiar con prismáticos desde la cocina. Sí conviene saber que las grabaciones en zonas comunes tienen límites: la normativa de protección de datos (RGPD y Ley Orgánica 3/2018) exigen que las cámaras estén debidamente señalizadas y registradas. Una grabación obtenida de forma irregular puede no ser válida como prueba e incluso generar responsabilidad para quien la hace. Documentar bien no es solo grabar mucho, sino grabar legalmente.

Nunca empezar una guerra vecinal absurda

Muchas comunidades empeoran el problema reaccionando mal. Se entiende el cabreo, pero pegar carteles agresivos en el ascensor, discutir con turistas borrachos, amenazar, bloquear accesos o publicar fotos de huéspedes en redes sociales son acciones que sólo pueden generar problemas legales adicionales.

De darse esas conductas, pueden ser los vecinos lo que acaben en el banquillo. La ironía jurídica nunca descansa.

¿Se pueden prohibir los pisos turísticos?

La respuesta jurídica correcta es más gris de lo que parece. Desde la reforma de 2019, la jurisprudencia mayoritaria admite que sí se pueden prohibir mediante acuerdo de 3/5 partes. Sin embargo, esto tiene un límite importante: la prohibición no puede tener efecto retroactivo sobre licencias turísticas ya concedidas por la administración autonómica. Es decir, al nuevo piso turístico sin licencia previa sí se le puede cerrar el paso; al que ya tenía licencia, no tan fácilmente. Luego, depende. La regulación cambia según la comunidad autónoma, el ayuntamiento e, incluso, entre comunidad de propietarios. En algunos casos se pueden limitar de forma importante. En otros, no tanto. Por eso, es importante revisar caso a caso.

Lo que sí está claro es que cada vez más comunidades intentan regularlos porque la convivencia se ha convertido en un deporte extremo.

Convivencia versus rentabilidad: la batalla eterna

Seamos sinceros, el gran choque detrás de todo esto es económico y humano al mismo tiempo.

Por un lado, tenemos propietarios que consideran legítimo rentabilizar al máximo su vivienda.

Por otro, vecinos que solo quieren dormir sin escuchar Despacito a las cuatro de la mañana. En ocasiones, otros simplemente tienen envidia por no poder los segundos rentabilizar como los primeros.

Y entre ambos aparece la comunidad de propietarios intentando equilibrar derechos sin terminar en una guerra de rellano.

Conclusión: ni impunidad turística ni dictadura vecinal

La comunidad de propietarios no está indefensa frente a un piso turístico conflictivo

. Existen herramientas legales para actuar cuando la convivencia se vuelve insoportable. Pero también conviene recordar que no todo piso turístico es problemático; igual que no todo vecino permanente es candidato al Nobel de convivencia.

La clave suele estar en actuar pronto, documentar bien y utilizar mecanismos legales reales en lugar de estrategias improvisadas inspiradas por el enfado y la falta de sueño.

 

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