Juntas de Propietarios: el cónclave del mal

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Está bien. Las Juntas de Propietarios son necesarias para gestionar la administración y la organización de una comunidad. De acuerdo, las necesitamos para tomar decisiones que afectan a todos los inquilinos de un edificio. Pero, ¿en serio es necesario acumular tanto odio?

Las Juntas de vecinos son el cónclave del mal de una comunidad de propietarios. En ellas, encontramos un choque de egos que hacen que se alarguen, y se alarguen, y se alarguen… Se han convertido en un auténtico aquelarre en el que cada vecino desahoga sus propias frustraciones y lanza sus peores maleficios. De un tiempo a esta parte, lo mejor es acudir a ellas con una ristra de ajos colgada al cuello, un crucifijo debajo del brazo y una pistola de agua rellena de agua bendita.

Las primeras Juntas de Propietarios de una comunidad son un alarde de buenas conductas: que si pase usted primero, que si pásate por casa cuando te quedes sin sal, que si qué lindos son tus niños, que si somos amigos de ascensor… Cada vecino recibía una notificación con la convocatoria a la Junta de Propietarios en la que venía detallado el Orden del Día y la hora y lugar de la reunión. Y todos los miembros de la comunidad se presentaban en ella con la ilusión de escrutarse los unos a los otros y ceñirse a la discusión de los puntos del Orden del Día. Eran tiempos felices en las que la mayoría eran Juntas Ordinarias, de esas que se celebran una vez al año para aprobar los presupuestos y las cuentas de la comunidad…

Sin embargo, esos buenos tiempos pasaron cuando las primeras lluvias trajeron las humedades que pintaron las paredes de negro y hubo que empezar con las Juntas Extraordinarias, sea porque lo pidiera el Presidente de la comunidad de propietarios, porque lo pidiera la cuarte parte del total de propietarios, o el número de propietarios que representan el 25% de las cuotas de participación, o porque el total de propietarios así lo exigiera aún sin previa convocatoria del Presidente. De repente, se empezó a celebrar una reunión cada 15 días y los propietarios comenzaron a sacar lo peor de sí mismo en el apartado “Ruegos y Preguntas”

Las Juntas de Propietarios comenzaron verse sumergidas por los problemas cotidianos de cada uno de los vecinos: el vecino de arriba es muy ruidoso, a ver por qué te has comprado un tanque e invades mi plaza de garaje, en los trasteros hay una plaga de ratones… Y luego comenzaron los problemas con las derramas, porque claro, poner puertas de seguridad en los accesos a la comunidad de vecinos tienen que pagarse, pero nadie quiere gastarse dinero. Por no hablar que a la hora de realizar alguna reforma o de contratar algún servicio para la comunidad de propietarios, todos los vecinos tienen un cuñado que conoce a alguien que va a presentar el mejor presupuesto. Entonces es cuando se declara la guerra en las Juntas de vecinos, porque no sólo hablamos de seleccionar un presupuesto, sino de que a partir de ese momento todos los vecinos cuyo cuñado no fue seleccionado se quejarán de la elección. Y lo harán muy contundentemente, mucho, en las sucesivas juntas…

La dureza de los maleficios lanzados en la reunión dependerá de las funciones de la Junta de Propietarios que se estén ejerciendo:

  • Nombrar y destituir a los órganos de gobierno de la comunidad de propietarios se convierte en un mero trámite, algo que se despacha en tres minutos.
  • Resolver las reclamaciones de los vecinos contra la actuación de los órganos de gobiernos ya es carnaza para el cónclave del mal que espera en letargo a la próxima Junta.
  • Aprobar el plan de gastos e ingresos de la comunidad puede llevar horas en las que el vecino moroso alzará la voz más potente,
  • Reformar los estatutos de la comunidad de vecinos será la eterna tarea pendiente.
  • Pero decidir sobre los asuntos de interés general para la comunidad de vecinos, eso será un imposible que acarreará debates interminables.

Y según se sucedan las Juntas de vecinos surgirán los “grupitos” que integren los distintos especímenes de la fauna vecinal, porque la unión hace la fuerza, y conspirarán en los rellanos para evitar la próxima instalación de extintores en la comunidad de vecinos. Y criticarán con saña la gestión del Presidente, quien acudirá cada día al Administrador de Fincas para un mejor asesoramiento.

O puede que no, puede que en algún mundo de piruleta exista una comunidad en la que los vecinos no necesiten entrar a la Junta de Propietarios con el crucifijo en mano ni alarguen las horas al utilizar la Junta como válvula de escape. Puede que se limiten a seguir los puntos del Orden del Día y los debatan con disciplina y conciencia. Puede que debatan los problemas de forma argumentada y que no guarden odios irreconciliables… Puede, en algún lugar, algún día…

ahorrar en la comunidad de vecinos

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